
Todos se van
La tierra ha quedado sola y ávida
Sin las manos que la hacían parir.
En la costa, los botes dormitan en un sueño de óxido sin los jinetes que sacaban el
fruto salado de las profundidades.
Todos se van
Y en las tardes moribundas
la orilla desolada suspira
a la espera del reencuentro pospuesto.
Un rayo tardío del sol poniente
le baña la cara de ayer
En esa playa: cuántos aprendieron a nadar, tantas manitas se guardaron caracolas,
tantos labios bebieron sedientos los manantiales del primer amor. Pero…
Todos se van
Las calles extrañan el tambor, la rumba, los fuegos de artificio agujereando el cielo
nocturno.
Ahora, son desérticas vías
donde la gente transita apurada
Lo viejos ya no descansan en los portales
Avergonzados se refugian en el interior de sus descoloridas casas.
La ironía le dio por nombre Punta Alegre, hoy le llaman “El pueblo”
nadie se atreve a blasfemar
El 8 de septiembre la Caridad salió escoltada por mujeres
No hay brazos robustos
Y hasta los maternales senos murmullan palabras de adiós.
¡Madre, madre de los que nacieron en la tierra que producía la caña!
¿Cuánto más has de esperar para que tus tempestades limpien el veneno que corroe
esta tierra?
¿No escuchaste en los rezos, la súplica, el dolor, los callados anhelos de menos
adioses? Madre…
Todos se van
Algunos por pan, otros cansados
para salvar pedazos de alma.
Los muertos bajan solos a sus sepulcros
Los abrazos se fragmentan
Los besos no atraviesan pantallas de cristal.
Todos se van
Te estás quedando sola
Las últimas velas tiritan
El pueblo cierra los ojos.
Dairen Zamora Carvajal (Cuba, 1988) es estudiante de Doctorado en Filosofía y Letras en la Universidad de Florida. Posee una Maestría en Artes y Literatura por la Universidad Estatal de Nuevo México, donde también se desempeña como docente de español. Sus intereses académicos se centran en los estudios de género, las narrativas transfronterizas y de resistencia, así como la literatura de la diáspora latinoamericana.
