
Necesitas resistir…
«Necesitas resistir todavía algunas horas de trabajo solitario. Eres uno de los centinelas de la noche; ‘es necesario que alguien vele, que alguien sea el centinela’, dice Kafka»
GENNADI AIGUI
No existe lo oscuro sin ángeles. Figuras en donde no se ve, donde solo se perciben sombras y la silueta de un perro por falta de mejor visión. Angel-perro, perro angelical tal vez. Camino siempre por el borde de la noche, a riesgo de resbalar, claro, sin ninguna esperanza.
Nada puede mantener el equilibrio. De tu calor, dulce animalejo, deseo el abrazo, de tu color maldito.
Si debo oír al mundo amplificado, prefiero una melodía desconocida. No es ruido, sino una nitidez que asusta de tan diáfana. Igual pasa con las cosas: te imponen su presencia hasta cegarte.
Pero yo debo desplazarme, caminar por el filo a riesgo de no encontrar nada.
Y las palabras, ¿qué significan? ¿Quién las convierte en seda o en estertores? ¿Son ángeles o perros? Trato de escuchar los rumores de lo oscuro
como si fuesen acordes de animalidad.

entropía*
Dormí y fui a la ciudad:
todo se quemaba,
estallar de bambúes,
boca seca, despues crispada.
Soñé y vuelvo a la ciudad.
Ya no era la ciudad.
DRUMMOND DE ANDRADE
Sentados a la mesa, al final de la noche
sentimos el rumor de algo que se hunde.
Yo propongo escuchar alguna vieja canción
como si eso sirviera de algo. El jadeo, el estertor
sigue ahí.
Agreste en los rostros, hípica, orine de caballos-
sepultada sin decoro por enterradores
contentos en su inopia
su desvelada amnesia.
Veo lo irreal intacto en lo real devastado
donde a oscuras se duermen los amigos
en la calma feroz de un sábado cualquiera
aturdidos, inconscientes o magníficos.
No me alejo por temor sino por impotencia,
por la imposible complicidad
con el salitre, la urea que corroe.
Una noche más. Devastadora epifanía
donde los amigos se adormecen
aburridos o muertos.

bonsai
Imagínate que eres un estanque
con peces que nadan hacia atrás
ignorando el alcance del ojo;
suponte en la rama de un ciruelo
alegrando diminuta la terraza
de alguien que no floreció;
mírate tendida en una nube
pronta a asumir la figura caprichosa
que instiga un viento autoritario.
Entonces sueña que una vez soñaste
ser un pez, un árbol, una forma indefinida:
he ahí tu contento.
Atilio Caballero: Prolífero y multipremiado poeta, narrador y dramaturgo. Licenciado en Teatrología y Dramaturgia, por el Instituto Superior de Arte en Cuba. Es director de teatro, licenciado en Dramaturgia por la Facultad de Arte Teatral de la Universidad de las Artes, La Habana y traductor de literatura italiana. Ha publicado, entre otros muchos, los libros Tarántula (Relatos), El sabor del agua (Poesía), Escribir el teatro (Ensayo), Cuarteto (teatro) y Naturaleza muerta con abejas y La máquina de Bukowski (Novela). Obtuvo los Premios “Cirilo Villaverde” de Novela en 1999 y Opera Prima 2000 (Madrid) por La última playa, el Premio Calendario de Poesía 2001 por La arena de las plazas, y el Premio “Alejo Carpentier” de Cuento 2013 por Rosso lombardo.
