Antonio Colinas

Zamira ama los lobos

Zamira ama los lobos
Yo quisiera ir con ella a buscarlos
a las tierras más altas,
donde los robledales rojos de Sotillo
han perdido sus hojas en las fuentes,
allá donde los caballos
beben el agua helada de las cascadas
y se espera la nieve
como una bendición.

Tú y yo estamos en este hospital
esperando a la muerte.
No la muerte tuya ni la muerte mía,
sino la de aquellos que nos dieron la vida.
Y éstos ¿a quiénes pasarán,
cuando mueran, sus muertes?
Tú y yo esperando el final,
el vacío del límite,
mientras la vida brilla y tiembla entre nosotros
como un cuchillo inocente.
Y es que, esperando la muerte de los otros,
esperamos un poco la muerte nuestra.

Quizá, por ello, Zamira ama los lobos.
Quizá, por ello, yo deseo también
salir a buscarlos con ella este mes de diciembre
a los páramos altos,
a los prados remotos.
Y podríamos ver los espinos,
y las brasas de sangre del sol
en mimbrales morados.
Puesta ya en nuestros ojos
la venda de la nieve
que no pensemos más, que ya no nos deslumbre
el acre resplandor de los quirófanos.

Zamira ama los lobos.
Quiere escapar del laberinto
de piedra y cristal del dolor.
Zamira: partamos y no regresemos.

Safo

Al fin, qué dicha poderte abrazar,
poderte amar en toda 
tu inmensidad sublime,
mar de mis pesares, mar de mis delicias
y de mis goces.
Safo me llamo y sólo soy de ti.

Ábreme aún más los ojos, ábreme
aún más los muslos y los labios;
toma, oh mar, mi corazón sonámbulo,
que sea todo tuyo,
y traspásalo
con la blanca ebriedad de tus saetas 
de fuego.

Una granada azul

Hubo una vez una granada azul
que al estallar
sembró el firmamento
en mis ojos
de espejos astillados.
Esos fragmentos fueron los días de mi vida.

Hubo una vez una granada azul
que al estallar sembró un firmamento
de noches en mis ojos.
Fueron aquellas noches en que quise alcanzar
(y a veces lo logré)
algo muy parecido a una vida sublime.

Hubo una vez una granada azul
que al estallar dejó una semilla
de galaxias que lejos, muy lejos,
propagaron
otras vidas que nunca viviré.

A veces, me parece
que aún queda en mis ojos
una lágrima azul.
Acaso ella sea la semilla
que aún me ha de permitir
continuar sembrando esperanza
en paraísos diarios, ilusorios, últimos.

Así debiera ser
hasta que una noche esa semilla
de un azul intenso
se pose en mis ojos.
Será entonces una noche negra
la que habrá de abrirme al misterio
de los misterios.
¿O no?

Un artesonado en Santa Colomba
(s. XV)

Contemplarte fue ascender con la mirada
hasta tu universo.
Estrella quebrada en mil estrellas,
tuviste la piedad de descender
hasta nuestros ojos
para sembrarlos de paz perpetua.

También nosotros deseamos ascender
con las manos vacías
para apaciguarnos en ti.
Eres microcosmo
y aquí estás con humildad alzado,
pequeño techo del mundo
o gran ara celeste,
para apagar nuestra ansiedad.
Sólo quisiera ser una esquirla de ti
para luego ir cerrando mis ojos
hasta ser y sentirme infinitud.

Paloma extraviada,
llegaste hasta este noroeste 
del frío
para posar tu nieve en nuestra nieve
y has logrado nevar con tus cristales
en nuestros ojos sin herirlos.
¿Lograrás tú un día
iluminar nuestras cenizas?


ANTONIO COLINAS, poet, novelist, essayist, translator and journalist, is the author of several books, among them Un año en le sur: Para una educación estéticaCatorce retratos de mujer, and Canciones para una música silente. He has been awarded numerous prizes, including the National Book Award and the Queen Sofía Iberian-American Poetry Prize.