LA PELUQUERÍA DEL SEÑOR RUSSELL
En la peluquería del Señor Russell
me saludan con cariño sin conocerme,
y una anciana desdentada
me dice que mi corazón es dulce.
Yo sonrío
mientras me acomodo en una vieja silla de cuero
y escucho el sonido de las tijeras
al compás de la música arrugada
de unos discos de vinilo.
Y la cabeza me late
de caminar por el frío,
de buscar sigilosa
algún indicio azul de la primavera.
El cartero
ha dejado el bolsón de cartas
sobre la mesa de las horquillas y los peines
y se ha sentado con nosotros
a pasar el rato.
Se ha hundido lentamente
en un sofá giratorio
con orejeras.
Su cuerpo inmenso
ha sonado a océano por dentro.
Varias veces nos hemos mirado
y yo he creído ver
al rey de los peces
agonizar en su carraspeo
de voz ronca y tos sanguinolenta.
A la peluquería del Señor Russell
uno llega de casualidad
porque la casa no tiene escaparate,
sólo un cartel en la ventana
que dice que corta el pelo
incluso los domingos.
La curiosidad hace que llames a la puerta,
descubras un viejo salón
y veas como tus mechones van cayendo
junto a la chimenea.
Una mujer desde el espejo me mira,
tiene el pelo liso,
una melena corta a la altura de la nuca.
Esa mujer soy yo,
cuando se ríe,
es mi boca la que se abre.
Y el Señor Russell es feliz,
feliz de saber que sus dedos temblorosos
todavía pueden
cortarle la desolación a los días.
Yo, que soy la mujer del espejo,
tengo que cruzarlo para volver a casa
y llevarme de la mano
al rey de los peces
para que muera con dignidad
en la laguna del cementerio,
el único lugar que conozco
donde los árboles y el viento
saben imitar el sonido de las olas
y la nieve es la espuma
de un océano inmóvil.
Tengo que darme prisa
ahora que alguien ha dejado pasar unos segundos
y yo puedo cruzar
sobre mi cuerpo,
y aletear junto al cartero
en un simulacro de mar,
en la tristeza de sus ojos redondos
y de su boca abierta
como mi risa, que va perdiendo el color
hasta llenarse de sal fría.
Tengo que darme prisa
para despertar cuanto antes
de este sueño de lápidas blancas
y abrazarme a otro sueño
que me desnude bajo la tierra
y me haga morder la manzana del paraíso.
( La voz de los relojes, Visor 2000)

CARGAMENTO DE NIEVE
La nieve en los vagones
ha perdido hace tiempo
la textura perfecta de sus copos,
apelmazada y sucia
hoy huele a gasolina
o a basura olvidada
que creció en las aceras
y se volvió equipaje,
cargamento grisáceo
de un tren de mercancías.
Hay que limpiar las calles
y derretir su manto
de cuerpo mutilado
que se abraza al asfalto
y ni siente la sal
quemándole los párpados.
La nieve condenada
a ser charco en las vías
apenas se lamenta
de su extraño viaje.
El eco del verano
desnuda sus entrañas
y el óxido del sueño
la transforma en un líquido sagrado.
Así es la nieve vieja
que se llevan los trenes.
En su semilla blanca
de infinitos cristales
sólo germina el hielo.
Por eso la almacenan
en los vagones huecos
que recorren el ansia
de los que no soportan
el invierno.
(Segundo Premio) “Antonio Machado” de Poesía 2006 (Recogido en el libro Los buenos propósitos, Visor 2015)
SI ESTÁS VIVA
Si estás viva
tendrás que acostumbrarte
al desamor
con su desapacible exuberancia;
neutralizar
cualquier indicio
de su patógena presencia
para volverte inmune
sin perder la cordura.
Ser metódica,
tragar el desafecto
con ternura
y reírte en secreto
de tu propia tristeza.
Si logras superar
este fracaso,
te harás adicta
a lo que más te duele,
al entramado hostil
de las causas perdidas
que deambulan contigo
por esa geografía
de plenitud ingrávida
que te ayuda a volar
cuando los espejismos
se mezclan con las huellas
de los rinocerontes
que lloran enjaulados.
Silencia lo que intuyes,
drena su desnudez
para que cauterice,
y nunca olvides
que el tiempo enamorado
es una medicina
que se agota,
entonces no podrás
ocultar sus secuelas.
(Curación,Visor 2010)

ALMAS GEMELAS
El año que te visitaron
los extraterrestres
a mí me secuestró la tristeza;
era una sombra inmensa
parecida a la que proyectan
las nubes cuajadas de tormenta,
una sensación ominosa
de abismo en la garganta
que me hacía escupir
amargura y flemas.
Hubiera preferido encontrarme
con seres intergalácticos
llenos de luz
y que me diesen
el don de la dicha
anidando en las palmas
de mis manos;
aprender con un gesto
a curar el aura gris
y sus dolencias.
Ese año en el que los planetas
abrieron sus compuertas
de mundos paralelos,
a ti te tocaron las estrellas
con su aliento de horizonte habitado
y a mí me despertó la realidad
sudada en los desvelos
del que se siente solo
y ha perdido la fe
que se inventan los rezos.
(Los buenos propósitos, Visor 2015)

DISTANCIAS
Cada ruptura,
cada separación,
cada despedida,
cada espacio de desamor enjaulado
duele.
Separaciones que son abismos,
desencuentros que son gestos de rupturas.
Fragmentos divididos
en pequeñas nostalgias de lo que no se dijo,
de aquello que ya es eco de pensamiento doloroso y sumergido.
Te quise abrazar antes de marcharme,
quise sentir el abrazo,
el silencio de la distancia futura.
Quise enredarme en tu respiración
para notar la distancia
que ya brotaba entre nosotros.
Separados por el mar,
separados por la vida
que nos empuja en muchas direcciones,
separados por un sueño
que nos vuelve cadáveres perdidos
en el fondo del océano,
en las orillas de las playas de arena finísima,
en los semirremolques de los camiones frigoríficos,
en los contenedores de los barcos,
en el desierto donde la sed es una bala que atraviesa la garganta.
Esa vida que nos hace pasajeros de todas las angustias,
la nave transparente de nuestro miedo
que nos arrastra,
que marca un triste rumbo de días gemelos,
de obligaciones, de soledades que se saben perdidas,
de causas huecas, de desventuras.
Esa vida que quiere volver a los abrazos,
a la razón de la bondad que nos une,
a la razón de la alegría de los encuentros,
a la piel que se funde, que se dilata, que se humedece,
que hace que todavía estemos aquí,
que nuestros cuerpos sean el fruto de miles de años
queriendo ser la misma esencia,
la misma energía, el movimiento de los astros,
de los planetas convertidos en células,
en el comienzo que une todas las diferencias
y las transforma en fuerza cósmica.
Seremos esa extraña dicha,
la pena de separarnos no podrá con el amor de volvernos a unir.
Unirnos cuando seamos mota de polvo,
cuando seamos lágrimas y busquemos el río que nos lleve
al gran mar de las galaxias dormidas.
(del poemario Salvamento de hormigas, Visor 2022)


Ana Merino Norverto (born June 1971) is a Spanish poet, novelist, playwright, essayist and comics scholar. She won the Premio Nadal in 2020 for her novel El mapa de los afectos.
She belongs to the so-called “Generation of 2000” of Spanish poetry,and is the daughter of writer and academic José María Merino. Merino earned degrees in Modern and Contemporary History from the Autonomous University of Madrid, an MA in Columbus, Ohio, and a PhD from the University of Pittsburgh with a dissertation on Ibero-American comics. She is a professor at the University of Iowa, where she founded the MFA in Spanish Creative Writing, serving as its first director from 2011 to 2018. Merino is also a columnist for El País.
