Alfredo Alonso Estenoz

La noticia

(Chernobyl, 1986)

Nos reunieron a todos
como cada mañana.
En la voz había una gravedad
pocas veces sentida.
Dijeron que un escape,
nada para preocuparse.
Subimos a las aulas silenciosos,
casi olvidados de lo dicho.
Una pregunta quedaba, persistente:
si estábamos tan lejos, si no era nada serio,
por qué tenían que contarlo.
No era la cantidad de información,
carente de detalles, casi falsa,
lo que indicaba la verdad:
a fin de cuentas, era ya una costumbre.
Era, precisamente, el que lo hubieran dicho,
la pausa enfática, solemne,
para contarnos algo sucedido
tan lejos, quizá semanas antes.
No en la parquedad,
sino en el acto de decir
se revelaba que habían intuido
un posible fin.

Los autómatas biológicos

Les llamaban los autómatas biológicos:
su tarea era limpiar los escombros esparcidos.
Ese trabajo lo habían emprendido las máquinas,
que no resistieron.

Se les ve corriendo,
paleando las cenizas,
las paredes convertidas en polvo.
Una capucha improvisada –como toda su ropa–
les cubre la cabeza.
¿Ignoraban la verdad del desastre
o fueron engañados?
¿Acaso no tenían protección y ello
revelaba una falta profunda,
una carencia más elocuente
que todo el esfuerzo de décadas
por conseguir una grandeza?
¿O tal vez, negados a reconocer,
continuaban mintiendo y para ello,
para ayudarse en la mentira,
no les daban las ropas adecuadas?
En viejas tomas se les ve,
saltando de un lado para otro
con movimientos rápidos,
de olvidada película silente.
Quizá por eso los llamaban así.
O quizá porque su carne debía resistir
como metal reluciente, desechable,
que puede intercambiarse fácilmente por otro.

Los liquidadores

Los liquidadores llegaron en los ómnibus,
caminaron por los pasillos,
tomaron notas, removieron escombros,
como buscando algo de valor.
Aparecen atareados, risueños,
posando a veces.
¿No había peligro ya o lo ignoraban?
Luego subieron nuevamente y regresaron.
Algunos, desdeñosos, la máscara quitada,
leían el periódico
como si ellos no fueran la noticia.

Parecen enviados por otros,
no por quienes causaron el desastre y ocultaron;
una entidad externa
que llega, examina, emite un veredicto
que todos deben acatar.
Una historia ordenada, coherente
pero falsa: un efecto de la edición,
hecha años después,
en un sitio lejano,
que no los conoce o los comprende.

Cuando se emprende un trabajo

Cuando se emprende un trabajo
se corren siempre riesgos.
El riesgo de agotarse
o de lidiar con objetos pesados
que pueden desprenderse y caer.
¿Qué hacer cuando el peligro es invisible
y se despliega en todas partes?
No se puede correr,
es inútil pensar que desde cierta distancia razonable
se esté seguro.
Sólo se puede emplear una fuerza
infinitamente grande
y espaciarla,
dividirla en jornadas breves,
suficientes para cumplir dos o tres tareas mínimas,
y mandarlas a casa,
premiadas por el peor trabajo jamás acometido.
Un capital inagotable que tenían
a su disposición, porque las órdenes
son inapelables, sobre todo
si no contienen la verdad,
y cada vida individual no importa
sino de una manera remota, intraducible.
Una fuerza renovable,
que hace que el desastre los alcance a todos.


Alfredo Alonso Estenoz (Cuba, 1971) is a professor of Latin American literature and Spanish language at Luther College in Iowa. He is co-director of the Borges Center at the University of Pittsburgh and the journal Variaciones Borges. In his home country, he worked for radio, the press, and was the editor of the cultural journal Casa de las Américas. In 2005, he earned a PhD in Spanish from the University of Iowa. His publications include Los límites del texto. Autoría y autoridad en Borges (The Limits of Text: Authorship and Authority in Borges), Borges en Cuba (Borges in Cuba), and the compilation of essays Valoración múltiple sobre Jorge Luis Borges (Multiple Assessments of Jorge Luis Borges), printed in Havana and Pittsburgh in 2023. In 2024, his book Diagnóstico incierto. Una crónica del sistema de salud en Cuba (Uncertain Diagnosis: A Chronicle of the Healthcare System in Cuba) was published.