En 2000
Sembraste buganvilias
junto al costado de la casa.
Entonces
la humedad había aprendido
el nombre de las paredes.
El hongo respiraba
detrás de la pintura.
Las vigas cedían
sin hacer ruido.
Tú seguías sembrando.
Como si unas raíces
pudieran convencer
a una casa de quedarse viva.
Las buganvilias crecieron
igual que crecen ciertas personas:
con espinas
antes que flores.
Yo las veía trepar
sobre el concreto agrietado,
cubriendo las grietas
como si el color
fuera otra forma de silencio.
Muchos años después
entendí
que nunca intentabas salvar la casa.
Me enseñaste
que el dolor
no siempre anuncia el final.
A veces
es apenas la espina
que sostiene la flor.
Porque detrás de los marcos
había huecos abiertos
por manos furiosas.
Detrás del hongo,
personas encogidas
aprendiendo a respirar
en habitaciones demasiado pequeñas
para tanta tristeza.
Y aun así,
cada primavera
volvías a plantar
otra buganvilia.
Para olvidar el dolor
que nos trajo el otoño.
Como si la belleza
no fuera una respuesta,
sino una forma
de resistir.
Ahora entiendo
por qué sigo buscando flores
en las casas
que ya se están cayendo.
Aprendí a seguir sembrando
bougainvilleas
entre lo podrido
y lo herido.
En enero,
todavía florecen.

Adalain Eydie Sans es más que una poeta y escritora cubanoamericana nacida en Miami. Su obra explora la infancia, la feminidad hispana y la experiencia cubanoamericana desde una voz íntima y visceral. Su voz es una que merece el tiempo, las lágrimas y las largas horas de reflexión que provoca su escritura. Sus textos han aparecido en Santa Rabia, Palabras con alas: A Latinx Creative Journal, Latin@ Literatures, The Write Launch, Cathexis Northwest Press y Poetose, entre otras publicaciones.
